Salimos del restaurante aún entre risas. Chelsea conversaba con Kevin fluidamente. Al parecer ambos se agradaban. El tenía una sonrisa sincera mientras Chelsea caminaba haciendo gestos con las manos y hablando de vaya a saber uno que.
Joe iba a mi lado, aun no sabíamos hacia donde íbamos o que estábamos haciendo. Así que simplemente propuse recorrer todo el balneario. Joe, que fue el primero en escucharme propuso de ir en su auto.
No se porqué… pero supuse desde un principio que su auto me impresionaría. Ok, si, ellos son una familia bien ubicada en la escala económica. Pero igualemente mis ojos se iluminaron al ver aquel auto descapotable de color negro, brillante, nuevo, espectacular. Apenas pude titubear si era suyo. Joe asintió con la cabeza. Chelsea rió y dijo que si ella condujera una cosa así a los dos días de comprado estaría en la ruina. Kevin rió y le dijo que le enseñaría a conducir, luego del paseo… y en otro auto.
-Ah… ¿Tienes miedo de que rompa este? – Dijo mi amiga de brazos cruzados.
-No, claro que no. – Rió Kevin.
-Bueno, vamos a recorrer ¿O que? –Joe se impacientaba.
-Ok, ok, yo adelante. – Dije mientras abría atrevidamente le puerta y me sentaba en el asiento delantero.
Chelsea me miró y se subió atrás, Kevin rió. Al subirse Joe, como conductor y Kevin detrás, todos miramos a Joe para que comenzara a conducir. Joe rió y miró hacia otro lado. Los tres lo presionamos para que acelerara de una vez.
Joe encendió el auto. Me miró de reojo y sonrió muy levemente. Salió finalmente del lugar donde estaba estacionado y comenzó a conducir hacia el camino de la costa. Un camino estilo boulevard con palmeras a los costados, comercios y tiendas espectaculares en una acera y en frente el mar, el océano mojando la blanca y fina arena. Sonreí al sentir el viento en mi rostro, Joe se acomodó los lentes de sol y me miró con sus cejas levantadas. Fue realmente divertido.
Paramos en varias galerias de artesanías y ferias llenas de curiosdades. Nos mezclamos entre los turistas para decubrir el hermoso lugar. Los colores parecían mas vivos que en cualquier otra parte, las cosas tenían aroma a materiales rústicos y naturales, poco a poco iba guardando todo en mi memoria, olores, sensaciones, imágenes.
Los chicos venían detrás de Chels y yo, quienes ibamos mirando y tocando todo, a veces Chelsea se enloquecía por algún regalito tierno y lo compraba sin pensarlo. Mientras que los chicos solo nos criticaban el hecho de comprar como mujeres… ¿Qué acaso no es lo que somos? Y si, nos gusta comprar, es lindo, ellos se sientan delante de un televisor a mirar deportes… es el equilibrio muchachos.
Pasamos por tiendas y plazas, hasta terminar en la playa. Apagamos la radio, que venía a todo volumen con Party in the USA (Que oportuno). Bajamos del auto y tomé el brazo de Chelsea.
-Ya volvemos. – Les dije a los chicos mientras caminabamos hacia los baños.
Chelsea me miró antes de entrar al baño.
-Ay… no se… me siento insegura. – Dijo quejándose.
-¿De que? – Pregunté sin entender.
-¿El rosado o el rojo? ¿O el negro? –Dijo mientras sacaba bikinis de su bolso. - ¡No se cual ponerme! – Regañó.
-Ay, no seas tontita, ponte cualquiera, aunque para alguien que recién conoces… no me pondría el rojo. – Dije mirándola, pues no se si conviene ponerse algo tan llamativo ante alguien que acabas de conocer.
-Ok. – Dijo segura. – Me pondré el rojo. – Y entró al baño.
Reí, tome mi bikini blanca (o negra como prefieran) Y me metí en el otro baño. Ambas nos miramos en el espejo y realmente aquellos bikinis recién adquiridos daban forma y resaltaban lo justo y necesario como para lucir atractivas pero no exageradas. Quedamos conformes, nos veíamos realmente bien, un toque de sensualidad al encanto femenino que ambas teníamos, bueno… que yo tenía mas que Chelsea… ya que a ella le encanta lo deportivo, la ropa deportiva, odia las faldas… pero no deja de ser femenina.
Caminamos hasta donde los chicos habían dejado sus remeras. Estaba la ropa en la arena así como si nada. Siguiendo la corriente, dejamos nuestras cosas en el montón y levantamos la vista hacia el agua. Allí el claro ejemplo de el espécimen del hombre humano, del prototipo perfecto, recién salido a la venta, recogiendo su cabello hacia atrás mientras reía y miraba a su hermano Kevin.
-Wao… - Suspiró Chelsea sin quieres para luego reír.
-No babees Chels. – Dije riendo.
-Espera, ¿A cual estás mirando? – Dijo aun con la risa.
-A Joe. – Dije con cara pícara.
-¡Yo estoy hablando de Kevin! ¡¿Qué no viste su abdomen?!
-¡SH! Nos van a escuchar… - Reí. – Joe es más lindo.
-Bueno… - Dijo de brazos cruzados para no seguir discutiéndome. - ¿Quieres ir o vas a esperar que vengan por ti?
-Es mas lindo cuando vienen por ti, tienes el poder… muahahahahahaha….
Chelsea rió y se sentó junto a mi en la arena, tomando sol, bronceando nuestra piel tan blanqueada por el frío invierno, tostándola poco a poco para demostrar que estábamos al calor del verano, al calor de la aventura y viviendo intensamente nuestro primer día de ensueño.
-Hey chicas, ¿No van a meterse al agua? Está deliciosa. – Dijo Joe mientras corría los últimos centímetros hasta mí.
Levanté la vista para verlo y su sonrisa se dibujo invitándome a mojarme en las olas. Había conseguido lo que quería, el había venido a invitarme. Kevin se llevaba divertidamente a Chelsea mientras yo me acomodaba los lentes de sol y me paraba delante de Joseph. No dudé que el agua estaría deliciosa, seguro, con el dentro, nada podría ser frío ¿No? Ok, lo se, si, me fui demasiado lejos, volvamos a sus ojos clavados en mis lentes mientras me abrazaba todo mojado, aquellos ojos que luego bajaron de mis lentes y recorrieron todo mi cuerpo ignorando por completo a la disimulación, que si estuvo en los ojos de Kevin mientras observaba cuidadosamente el bikini rojo de Chels.
-¡AH!, ¡Estas frío! – Dije apartándome.
-Ahora ya estás mojada, tienes que venir al agua. – Dijo mientras me cargaba en un hombro y me llevaba al agua.
Me reía mientras me secaba el cabello con una toalla sentada en los bancos de la acera. Los chicos y sus bermudas siempre se secan rápido, son asombrosos. Chelsea se hallaba a mi lado peinándose, para que el cabello no se arruinara tanto como todas sabemos que se arruina en el verano. Joe nos miró y le dijo algo a Kevin. Kevin se acercó y dio una idea que me pareció ideal.
-¿Qué tal si vamos a buscar algo para tomar y nos quedamos en la arena un rato? – Dijo con sus cejas levantadas.
-Sería genial. - Le respondí.
Así fue, tiramos las toallas en la arena y nos sentamos los cuatro, Kevin sacó del bolsito refrigerante unas latas de cerveza.
-¿Cerveza? – Dije con desagrado.
-¿Qué no te gusta? – Peguntó Joe con extraño.
-Bueno… no… no mucho. – Dije mirando a Chelsea.
-Sabía que pasaría. – Dijo Kevin con una sonrisa. – Así que traje unas latas de Coca-Cola para ustedes.
-Genial. – Dijo Chelsea, a quien tampoco le agradaba mucho la cerveza.
El atardecer estaba maravilloso. Eran cerca de las nueve cuando finalmente el ultimó rayito de sol se metió al agua y la gente aplaudió la salida de la bola de fuego. Esa extraña costumbre me maravillo, el aplaudir algo así como el fin del día, me parece algo encantador, poético.
Reímos como hasta las diez menos cuarto. Cuando decidimos levantar campamento y encaminarnos hacia el lugar donde había dejado mi auto. Joe nos llevó hasta allí. Nos despedimos de los chicos. Las miradas sobraron mientras los saludábamos. Aquellos bikinis habían funcionado perfectamente. Me senté al volante satisfecha del largo y entretenido día. Miré el tablero del auto y vi mi teléfono, que tonta, lo había dejado allí todo el día. Seguramente se había derretido el chip de haber estado tanto tiempo al sol. Abrí el aparato aun caliente de los rayos que había consumido todo el día y mi piel se erizó completamente. El miedo me consumió y comencé a agitarme. Chelsea me preguntó si estaba bien. No, nada lo estaba, estábamos en el fondo del abismo, no había hacia donde correr, estábamos perdidas.
Había 10 llamadas perdidas de mi madre.
XophieJonas