Capitulo 4 – Narras tu.
-Verás… No… No me llevo con mis hermanos.
-¿Qué?
Kevin explicó que sus hermanos habían hecho algo muy malo y por ello no se reunían más. No me interesó y quería verlos igual. El me sonrió y me asintió con la cabeza.
-Yo te llevo.
Comenzamos a caminar hacia atrás. El se detuvo y abrió la puerta de un auto hermoso de color negro. Quedé asombrada de lo que había sido de la vida de mi hermano mayor.
Detuvo el auto en la puerta de un pasillo de apartamentos.
-Aquí es. ¿Vengo por ti?
-No, yo le pediré a Nick que me lleve.
-Ok. Fue un placer encontrarte. Ya tienes mi número. Te quiero mucho, hermana.
Lo miré y el seguía teniendo aquella sonrisa maravillosa en sus labios.
-Te adoro Kevin.
Lo abrace fuerte antes de bajarme de su auto. Entré por el pasillo.
Bueno, tengo que admitir que no me gustó la primera vista del lugar, un pasillo gris, con las paredes rayadas y las baldosas flojas. Seguí avanzando y llegué al apartamento 13. Levanté la mano para golpear la puerta luego de 10 minutos mirando la misma, recordando todo, imaginando como sería el maravilloso momento de volver a encontrar a Nick y Joe. En mi cabeza de princesa no podía parar de imaginarnos corriendo por un campo lleno de flores, pero el pasillo me había abierto un poco los ojos. Tomé aire y antes de que llegara a tocar la madera una chica rubia de ojos castaños abrió la puerta en blusita corta y minifalda. Salió como si nada y se fue por el pasillo.
Quedé helada, definitivamente quedé impresionada. Los niños con los que jugaba ahora andaban con rubias falsas de minifalda… Wao.
Lo pensé y decidí entrar por la puerta abierta. Cerré la misma suavemente y miré el comedor y la cocina, nunca pensé que entrara tanto desorden en una pieza tan pequeña. De un pasillito por el cual al final se veía una cama salió un chico de rulos castaños y ojos del mismo color, aquellos labios tan especiales volvían a cobrar vida. Me encontré perdida en sus ojos perdidos en el suelo. Caminaba aun medio dormido a las 3 de la tarde. No pude evitar mirarlo todo ya que estaba en un bóxer negro. Sonreí, no podía creer que el estaba de verdad allí.
El levantó su mirada y se colocó detrás de la mesada. Para cubrirse. Apoyó las manos en la misma y sonrojado me miró extrañado.
-Amm, ya te llamo a Joe.
Me reí suavemente, el no tenía idea de quien era yo.
-¿Sucede algo?
Era tan divertido que me decidí a molestarlo hasta que lo recordara.
-A quien busco es a ti, Nicholas.
Me estremecí por completo al decir su nombre, cuanto lo había extrañado.
-Ah… Claro, ¿Cómo estás?
-Bien – Dije burlándome.
- Me alegro… Amm… Voy a vestirme, espera aquí ¿Si?
-Ok.
Me senté en un pequeño sofá. Me reí sola en la sala, miré el relajo a mi alrededor y continué con mi risita suave bajé mi blusa hasta los hombros para que se notara la cicatriz. Me paré y recordé mas cosas paseando de un lado para otro. Era un sueño hecho realidad. Volver a verlo era todo.
El Salió de la habitación con unos jeans mientras se ponía una camisa. Y le remangaba las mangas. Quise torturarlo un poco más.
-Tenía tantas ganas de verte, te extrañé ¿Sabes?
-Wao… Yo… no te he olvidado.
Me acerqué y acaricié su cuello. Pude notar que sintió algo extraño. El me miró a los ojos y frunció las cejas. Yo gritaba “Ya lo tienes, ya sabes quien soy” en mi cabeza.
-Nick…
-¿Podemos jugar juntos?
Sonreí a lo grande, aun tenía esa astucia disimulada.
-Esta bien – Sus ojos me miraban cada vez mas grandes. – Yo seré la princesa.
El no lo dudo un segundo y me abrazó fuertemente al instante.
-Dios, claro que te recuerdo. – Dijo disculpándose.
-¿Cómo has estado Nick?
Seguíamos abrazados, el me presionó mas aun y llevó una mano a mi hombro…
-Te extrañé tanto ___________. Princesa.
-Te quiero Nicholas.
-Yo también te quiero, te quiero, por dios. Esto es increíble.
Acarició aquella cicatriz y se rió suavemente. Estaba tan feliz de volver a verlo. Tenía la misma mirada bandida, los rizos despeinados, la sonrisa simpática. Sus brazos no me soltaron por un rato, era increíble, de verdad era maravilloso volver a estar junto a el.
Me soltó suavemente y me miró con aquella sonrisa contagiosa.
-¿Y Joe? – Pregunté sin dejar de mirarlo.
-Creo que sigue dormido.
Noté sus ojos analizándome mientras lo analizaba. El era apuesto, tenía el abdomen marcado, los brazos fuertes, pero no era puro músculo, no me gustan los exagerados. Era alto pero no demasiado, tenía la piel suave y un color que no era ni blanco ni tostado, pero era perfecto por naturaleza. No se que habrá pensado el de mí… pero lo cierto es que yo lo veía como un chico atractivo, por mas que no pensara ni un instante en estar con el.
-Mírate, wao, estás alta y hermosa. Te cambiaste el corte de cabello. Y hasta te arreglaste ese diente de allí.
Me reí, el recordaba todo.
-Si solo un par de meses con aparatos dentales y pueden hacer que vuelvan a sus lugares.
-Hm.
Bajó la vista, yo tenía mis manos en los bolsillos de mis jeans. El cambió la cara y tomó mi mano izquierda apresuradamente.
-¿Qué es esto? – Me miró nervioso y acusador.
Señalaba las cicatrices de la mañana, me miró más serio y yo sonreí levemente sin poder decirle nada. ¿Qué podía decirle? “Si mira, es que los extrañaba y mi vida es tan repugnante que me quise matar” No, ni loca. Así que solo bajé la mirada y safé mi mano de la de el, volviéndola a poner en el bolsillo.
-___________, ¿Qué pasó?
Joe abrió una puerta y salió caminando en bermuda y una camisa desprendida. Me miró fijamente hasta entrar al baño, antes de cerrar la puerta salió nuevamente y frunció las cejas.
-¿Princesa?
-Hola Joe. – Le sonreí.
El sonrió y camino rápidamente a abrazarme.
Nick tomo la silla y la dio vuelta para sentarse de frente al respaldo, Joe se sentó en el sillón junto a mi. Hablábamos de todo un poco, de cómo había sido mi vida, de cómo habían llegado a vivir allí, de las memorias de niños.
-¿Y alguna de tus hermanastras es linda? – Preguntó Joe.
Lo empujé con el hombro y se rió.
-No lo se, pero son unas arpías, no te recomiendo acercarte demasiado.
Unos minutos después pregunté algo extraño.
-¿Por qué no se llevan con Kevin?
-¿Ya te lo encontraste? – Dijo serio Nick.
-Si, me trajo hasta aquí, me dijo que no les hablaba.
Me ahorré la parte de “Hicieron algo muy malo”, no quería que se molestaran con el.
-No es que no nos hablemos, digo… solo no nos juntamos como antes. Porque… no nos quiere por vivir como cerdos.
-Y encima lo admiten – Reí mientras miraba a mí alrededor.
No pude averiguar la verdadera razón de por qué no se hablaban, ellos argumentaron con “El es un ricachón y nosotros vivimos la vida loca” o “El se cree superior a los chicos malos”. No se que se creen estos dos pero ellos se nombraban constantemente como chicos que vivían para los bailes, las cervezas y las chicas. No les daba vergüenza decir todo esto y no podía creer que vivieran de lo que les daba su trabajo de reponedor de supermercado y limpiador de pasillos.
Salimos a pasear por la ciudad, por el parque y quedamos de encontrarnos en un restaurante a las 8 para cenar los tres. Volví a mi casa con una enorme sonrisa en el rostro.
=D! Comenten!
XophieJonas
miércoles, 16 de febrero de 2011
martes, 15 de febrero de 2011
1°, 2° Y 3° Capitulo de Lineas Vides y Tiempos Difíciles.
Espero que les guste la pagina, no se como sacar la imagen de fondo del título haha! Las quiero mucho!
Narras Tú.
Saliste rápido de su casa, tus lágrimas brotaban sin parar. Caminaste unos metros hasta ponerte la capucha para cubrirte de la lluvia que caía intensamente mojando el pavimento. Te detuviste bajo una parada de bus vacía. Lloraste mientras te tapabas la cara con las manos. La lluvia era tan intensa que ya estabas toda mojada, el cielo tan gris que estabas cegada y el día tan frío y no tenías abrigo encima.
Se preguntarán ¿Cómo llegué hasta aquí? ¿Cómo un chico pudo romper mi corazón de esta manera? Cómo me encuentro aquí bajo la lluvia llorando desconsoladamente y él estará sentado en su cama pensando en lo que perdió por miedo a intentarlo. Bueno, si lo desean les contaré la historia. Supongo que Nick jamás contara la maldita historia de nosotros, no tiene a quién, no tiene por qué… El no tiene nada, y a pesar de que yo tengo mucho mas que él, me siento tan vacía como él. Es una historia muy complicada y llena idioteces que ambos hicimos. Para empezar el nunca debió conocerme.
Capitulo 1 – Narras Tú
Mi nombre es ___________ ___________. Yo vivía en una pequeña cabaña en el bosque, como en los cuentos de hadas, llena de mimos y cariño. Mi madre, María, era la única a quien yo había conocido jamás. Solo tenía cinco años, solo había visto a mi mamá, a un leñador y a un hombre que traía algunas compras de vez en cuando, bueno, no conocía muchas personas. Como ya dije, era como en un cuento de hadas, en el medio del bosque, sin nada que hacer. Mientras que mi madre cultivaba yo jugaba entre los árboles y las rocas, fingiendo ser personajes. Tenía una muñeca que mi mamá había hecho con telas, era una princesa en ese entonces, mi muñeca se llamaba Catalina, y era la más bella de todo aquel reino invisible.
Yo era feliz igual, pero la vida me presentó la persona que cambió toda mi vida con solo decir un simple enunciado que puede decir cualquiera.
Yo estaba en el castillo… Bueno, en las rocas… Y Catalina estaba a punto de ser comida por un dragón feroz.
-No, por favor, no me comas – Gritaba Catalina.
-¡Raaarrrr! No habrá príncipe que te salve – Decía el dragón para luego largar una carcajada maligna.
Catalina gritó y una voz de entre los arbustos interrumpió la escena.
- ¡No te comerás a la princesa!
Yo escondí a Catalina detrás de mí y quedé callada y quieta ante dos pequeños hombrecillos. El que me había gritado se tapó la boca de la vergüenza quizás, su cabello negro y sus ojos miel lo hacían adorable. El otro me miró con cara simpática, como alegre de haberme encontrado, tenía un cabello enrulado y castaño, los ojos hacían juego con su cabello y sus labios dibujaban una enorme sonrisa pícara.
-Hola. – Dijo el principito de cabello rizado.
Yo no podía dejar de observarlos, jamás había visto niños en persona.
-¿Eres muda? – Dijo el de ojos color miel.
Yo le contesté negando con la cabeza. Y ricitos hizo la pregunta que cambiaría mi vida para siempre, la que modificaría todo, la que representaría el resto de mis días.
- ¿Podemos jugar juntos?
Lo se, no significa nada, pero esto de verdad es lo que inició mi verdadera vida. Bueno, no fue solo eso, sino también la contestación de mi parte que le dio permiso para arruinarla.
- Está bien, yo seré la princesa.
- Y yo seré el dragón. – Dijo Ricitos.
- ¿Puedo ser el príncipe? – Preguntó el de ojos dulces.
Con toda la inocencia del mundo jugamos aquella tarde entre los cuatro, Catalina también se divirtió.
El chico de ojos dulces como la miel resultó llamarse Joseph, y Ricitos Nicholas, eran mellizos (Los mellizos no son iguales) ambos tenían 8 años. Recuerdo que jugamos juntos toda la semana, ellos siempre me encontraban en el bosque, éramos niños con nuestros juegos llenos de imaginación y energía. Pude notar enseguida que Joe era gentil y atento, caballeroso y sonriente. Nick, bueno, el era de esos niños llenos de energía, de esos que saltan de un lado para el otro, el no era delicado como un príncipe, pero era dulce a su manera alocada y aventurera.
Un día mi mamá nos encontró jugando en las rocas, corrí a presentarle a mis dos amigos. Mamá amaba la idea de que yo jugara con ellos.
Los días eran hermosos, salía con Catalina a jugar con seres humanos y volvía por la tardecita a beber chocolate caliente con mamá. Pero la tragedia tenía que pasar tarde o temprano, se que mi vida fue hecha para destruirla, no se que rara especie de dios se divierte tanto conmigo.
Un día Rizos y Joe me llevaron a ver su casa desde lejos, wao, si que estaba lejos… Caminamos y caminamos hasta que al fin pude ver a lo lejos una bella casa. Luego de la larga caminata me acompañaron hasta las rocas y volvieron a irse. Yo volví a mi casa con Lina, entré. Corrí hasta el sillón y senté a mi princesa. Caminé hasta el cuarto pero mamá no estaba ahí. La llamé… como no respondió empuje la pesada puerta trasera y caminé hacia la huerta. Volví a llamarla. Mamá corría por el camino. Le pregunté que le pasaba desde lejos, hasta que vi un hombre correr tras de ella. Ella gritaba “Corre, corre”, yo comenzé a gritarle “Mamá, mamá” hasta que ella llegó hasta mi y me empujó hacia adentro. Yo lloraba y le preguntaba que estaba pasando. Mamá me empujó hacía dentro del armario.
-Quédate aquí, no hagas ruido, no salgas. ¿Escuchaste? No salgas. Te amo. – Besó mi frente.
-Escondete conmigo, mamá – cerró la puerta y corrió por toda la casa.
Cubrí mi boca con mis manos y miré a mi madre huyendo de aquel hombre. Ella salió de la casa y el fue detrás. El silencio se adueño de todo, yo observe con mis ojos todos mojados el sillón y allí estaba Lina. Lentamente abrí la puerta del armario.
-¿Mamá?
Caminé hasta el sillón y tomé mi muñeca. El hombre volvió a entrar y me escondí bajo la mesa. Abracé a Catalina con fuerza, quería que se fuera y que nos dejara en paz. El arrastró a mi mamá pasando por al lado de la mesa, ella estaba muerta, lloré bajo la mesa mirándola tirada en el suelo. El hombre tomó algo de dinero, algunas joyas, comió una rebanada de pastel y se acercó al sillón. Sacó un encendedor del bolsillo y encendió en llamas el mueble. Luego se alejó y se fue trancando la puerta delantera.
-¡¡¡MAMÁ!!! – Lloré en su pecho mientras la sacudía.
Mi madre era lo que más amaba, era todo. Dios, como lloraba en su pecho rogando que despertara… pero no lo hizo.
Miré a mí alrededor y vi como la casa se prendía fuego. Metí a Catalina en mi buzo e intenté arrastrar a mamá lejos de las llamas. Era muy pesada. Solo tenía cinco años que más podía hacer. Lloré hasta que la casa comenzaba a caerse a pedazos y quería sacarla de ahí, quería sacar a mi mamá no quería perderla entre las cenizas… pero no pude hacerlo. Empujé la pesada puerta una y otra vez, el suelo estaba tan ardiente que me quemaba los pies aun calzada. Mis manos se quemaron, la piel me ardía. Me di vuelta cuando logré abrir la puerta, miré a mi mamá en el suelo y me despedí de ella con un “Te amo mamá”, las llamas comenzaban a abrazarla. Me quedé mirando la cabaña ardiendo hasta que cayó completamente y yo continuaba gritándole a mi mamá.
Comencé a correr hacía la casa de los chicos. Quería pedirles a los príncipes que salvaran a mi mamá. Corrí y corrí hasta que vi la casa, eso me dio más energía para seguir corriendo y llegar hasta el timbre.
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Capitulo 2 – Narra Nick
Yo estaba jugando con unos dados junto con Kevin, mi hermano más grande, yo tenía 8 y el 12. Mamá caminó hacia la puerta secándose las manos del lavado. Abrió la puerta, hacía como cinco minutos que alguien tocaba insoportablemente el timbre. Abrió y llamó a mi padre, Kevin se quedó mirando la puerta. Yo aproveché para revolverle el cabello, cosa que aun lo enoja muchísimo, así que lo hice y corrí riéndome. Mire la puerta y allí estaba la chica del bosque, ____________. Me acerqué y la saludé, supuse que venía a jugar. Pero luego vi su piel toda rosada oscura, un montón de lágrimas y un llanto que podía estremecerme totalmente cuando lo escuchaba. Empujé a mi padre y le pregunté que había pasado. Me miró y me dijo, “Tienes que ir a rescatar a mamá”.
-¿Qué le pasó a tu mamá? ¿Dónde está? – le preguntó mi padre.
-Esta en el fuego, tienen que ir a buscarla.
Mis padres llamaron a la policía y ayudaron a apagar el fuego que había en su casa, luego pasaron horas escarbando las cenizas para encontrar a su madre. Mis padres nos dejaron en casa porque no querían que la viéramos. ___________ volvió al otro día del hospital, se la había llevado una ambulancia y mi madre había asumido el cargo hasta que la policía definiera el caso y el estado la mandara al orfanato. Ella lloraba, lloraba y lloraba, yo hacía payasadas para divertirla o distraerla, bailaba encima de los sillones imitaba a mis hermanos, hacía malabares, fingía ser un mono pero nada funcionó ella solo estaba toda vendada y abrazada a su muñeca en el sillón.
-Princesa, hoy luce como una bella momia. Pero de seguro es la momia mas bella de todas, quizás si deja de llorar sea aun más bonita. – Le dijo mi hermano Kevin que se hacía el experto con los niños.
Ella se calmó y lo miró. Yo mire el techo rendido y ella se rió de mí.
Mi madre nos dio las buenas noches a mí y a mi hermano. Joe le preguntó a mamá, que había pasado con la madre de ___________.
-Verás cariño – Mamá le acarició el cabello a Joe. – El señor decidió que ya era hora de que la mamá de ____________. Se convirtiera en un ángel. Así que ahora ella la cuida desde el cielo.
-¿Ella lo sabe? – Le pregunté.
-Mañana se lo diré ¿Si?, no se preocupen.
Mi madre se fue y apagó la luz.
Eran como la 1:30 de la madrugada. Me levanté por un vaso de agua. En el pasillo sentí una vocecita que se quejaba. Caminé hasta el cuarto de huéspedes. Allí estaba ___________ dormida manoteando el aire. Me acerqué a ella despacito y la desperté. Ella me miró y suspiró.
-Era una pesadilla. – Le dije.
-¿Por qué estás despierto?
-Tengo sed.
-¿Puedo ir contigo?
-Claro, ven.
Ella tomó su muñeca y me siguió hasta la cocina, nos serví agua e hicimos burbujas con los sorbitos. Ella se reía de las burbujas que me salpicaban la cara. Luego metí mi mano en mi vaso y le arrojé parte del agua, no pregunten por qué lo hice, solo lo hice, era un niño travieso e insoportable, hacía cosas porque si. Ella se rió y me mojó la cara con sus manos, nos reímos y luego de juguetear como monitos subimos a mi cuarto, ella tenía miedo de las escaleras, jamás había subido unas, y como también tenía miedo de un hombre y de la oscuridad me pidió dormir en mi cuarto. Ella se sentó a mi lado en la cabecera de la cama. Yo hacía caras para asustarla. Y sonidos de mounstro. Joe estaba más dormido que nunca y no sentía las risitas de ____________. Tomamos mi linterna y un libro del estante de Joe. Nos pusimos a leer fábulas e historias. Hasta que nos quedamos dormidos.
Al otro día por la tarde una mujer vino a llevarse a ___________. Mi madre habló con ella pero ___________ no quería irse. Me miró y le dijo a mi mamá que no quería marcharse. La señora le dijo que si, que tenía que irse. Ella comenzó a hacer lo del labio y le dijo que quería quedarse conmigo.
-Mamá, adóptala. – Le dije.
Mi madre no contestó y la miró.
-Ya, vámonos. –Dijo la señora tomando a ____________ del brazo y jalándola.
-Mamá adóptala – Dijo Joe.
-¡Nick! – Gritaba ___________.
-¡MAMA! – Grite.
-¡Espere! Creo, que podría ser… una familia temporal. ¿Puede dejar que se quede?- Dijo mi madre.
-Temporalmente, ella quedará registrada en el orfanato y si alguna familia se interesa vendremos por ella. Ahora tiene que firmar unos papeles. –Dijo la señora loca.
____________ me abrazó y me sonrió. Ahora ella tendría hermanos y padres y nosotros una hermana y mis padres una hija.
Pasamos días inolvidables. Mis padres le dieron una habitación… con el tiempo todos nos olvidamos que eso era “Temporal”, que en cualquier momento podía venir una familia y llevarse a ____________. A nadie le importaba, ____________ era nuestra. Ella iba creciendo y éramos un dúo inseparable. Con los años se perdían las posibilidades de adopción ya que la gente busca niños pequeños, ella ya tenía nueve y yo 12 cuando escalábamos los montes y nadábamos en las cañadas. Teníamos aventuras increíbles cada día en las praderas. Yo era el típico niño que destruye todo y que hace que lo regañen, pero ella me quería así y éramos ___________ y Nick, Nick y ____________, para siempre.
-No, no puede ser. – Negaba con la cabeza mi madre una noche, sentada en la mesa, hablando con mi padre.
-Créeme yo tampoco estoy feliz… - Agregó mi padre.
____________ y yo estábamos escondidos detrás de la puerta.
-No, Paul, no dejaré que se lleven a esta niña, es, es como nuestra hija.
-Ya lo se… la adoro. Pero una familia ya firmó la adopción y nosotros somos solo una familia temporal.
-¿No podemos hacer nada?
-Ahora, no.
____________ me miró con la luz que pasaba por el costado de la puerta en el rostro y gracias a ello pude notar la lágrima que paseaba por su mejilla.
-No quiero irme – Susurró.
Tomé su mano y la llevé al cuarto.
-No quiero irme Nick – Mientras se aferraba a mi cuello.
-No te irás. Siempre estaremos juntos.
-No dejes que me lleven.
Ella lloraba.
-No dejaré que te lleven.
Una semana después ambos sabíamos que no tenía solución. Estábamos sentados en las ramas de un árbol. Ella me miró y me preguntó que iba a ser sin ella.
-No lo se. – Le respondí sinceramente. – No lo se.
-¿Qué voy a hacer sin ti?
-Te costará vivir sin mí. –Le sonreí, era una broma y una verdad al mismo tiempo.
La última noche nos sentamos en el porche de mi casa. Era de madrugada y todos dormían. Saqué una navaja de mi bolsillo y ella me miró.
-En las películas románticas… el chico le da algo lindo a la chica. – Sonreí – Pero yo no miro películas románticas. Y esto, lo vi en una película.
Ella puso sus ojos en blanco y soltó el aire.
-Tienes que cortarme.
-¿Qué?
-Solo una pequeña herida, así tendremos cicatrices que nos recuerden.
-No te cortaré.
-Cierra los ojos.
Ella cerró los ojos. Tome la navaja y corte un poco su hombro, cosa de un centímetro o dos, ella se quejó y apretó sus parpados. Pero luego miró el corte y se rió.
-Eres tan dulce – Dijo con sarcasmo.
-Vamos hazlo.
Ella tomó la navaja y cortó mi brazo un poco menos que yo a ella. Pero ella es así, así de delicada y sensible, quise agrandar la herida pero me di cuenta de que así nos recordaríamos mejor, yo recordaría el cuidado y lo suave que era ella y ella recordaría lo bruto y loco de mí.
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Capitulo 3 – Narras tu.
No pude evitar llorar el día en que nos separaron. “La señora loca” Me llevó en su auto luego de haberme despedido de mi familia. Lo único que tenía ahora era a Catalina. La llevé todo el camino en la falda al orfanato. Tenía 9 años…
-Miley, saluda a tu nueva hermana. – Dijo el duende gigante que me adoptó.
-Hola. – Dijo ella con su bolso rosado y su lima de uñas en la mano.
-____________ esta es tu nueva familia. Los Cyrus. – Aclaró innecesariamente la vieja loca.
-Bienvenida cariño – Dijo la señora Cyrus. – Ellas son tus hermanas, Miley y Nikki. Y el es Robbie, tu papá… Yo soy Tish.
-Hola, a todos. – Dije sin ganas.
Repetiré que dios se divirtió de lo lindo viéndome sufrir todos estos años junto a estas dos locas de hermanas. Me han hecho pasarla terrible, me odian más que yo a ellas, es increíble. Habían pasado nueve años. Hacía poco había cumplido los 18 años. La “Familia” Cyrus, si así se les puede llamarme utilizaban para limpiar y para llenar el espacio vació de su fallecida hija Devonne. Que cumplía con mis rasgos físicos y mi edad. A veces pienso que se suicido, la pobre.
Son una familia rica, Miley se cree la gran estrella de cine y la gran cantante… Nikki se cree la súper modelo y la documentalista más guapa de todas. A pesar de que tuvieran 20 y 22 años se la pasaban entrevistándose como superestrellas.
Yo había terminado la secundaria y los Cyrus estaban discutiendo si mandarme a la universidad o no. No tenía amigas, todo el mundo decía que era rara. Los Cyrus son de la ciudad… por lo que aquí hay menos aventuras, menos verde, menos espacio.
Los Cyrus tienen una gran casa, llena de esculturas y de cosas valiosas… vivimos en la parte más rica de la ciudad y tuve una muy buena educación. Pero no tenía metas, no tenia punto de inspiración, sinceramente estaba perdida.
Todo parecía tiempo perdido, cada segundo que pasaba era un desperdicio. Lo único que podía hacer era rogar que me mandaran a la universidad a estudiar algo y tener una vida cuando fuera mayor. Había tenido un par de novios pero todos eran tontos que no valían la pena. Estaba en las vacaciones de verano. Miley llegó del cine y se sentó en el sofá de la sala, mientras se pintaba las uñas me miró y comenzó a hablarme.
-Mañana vendrá un chico, quiero que te portes bien.
-Claro.
-Déjame terminar de hablar, quiero que te portes bien y limpies el piso de esta sala, no se ve la maravillosa baldosa blanca que yo escogí.
-Claro.
-Por más que tu no tengas novios, ni chicos, ni nadie que piense que eres linda, yo si lo tengo y necesito que limpies el suelo.
-Claro.
-Oye los chicos no se te acercan porque siempre dices lo mismo. Claro, claro, claro, lo que te estoy diciendo es malo, es un insulto, debería ser oscuro.
Si lo se, Miley es algo torpe… bueno… eso es solo un segundo en los años que tiene Miley de torpeza.
Nikki entró a la sala solo para hacerme enojar, lo único que odio más que estar cerca de Miley o Nikki es estar con ambas.
-Hola princesa – Le dijo a Miley – Cenicienta – me miró de reojo.
Antes de enojarme salí de la sala. Era inevitable odiarlas, así que antes de explotar solía salir de la habitación a respirar. Aquella noche me senté en mi cama y miré el estante de mi habitación allí estaba Catalina, cada vez mas vieja. Ya era una muñeca de trapo viejo, que por más que lo lavara la tela gastada se notaba. La tenía allí sin tocarla, porque tenía miedo de hacerle daño. Ella sin duda era el único miembro de mi familia.
Había pasado unos días muy sentimentales últimamente. Por la mañana tomé una ducha, al salir envuelta en la toalla toque mi hombro. Tenía aquella cicatriz bruta y bien marcada en mi hombro. Acaricié la marca que me recordaba la felicidad y me cayó una lágrima, cuanto extrañaba mi familia. Dios cuanto la necesitaba. Cuán distinta habría sido mi vida con ellos, con Ricitos… Pensé en cuantos años habría de tener… 21, ya era mayor… me lo imaginé en los bailes, con unas cervezas en las manos… Otra lágrima mojó mi mejilla, me había perdido los días de aventura de él. Tomé la afeitadora y le quite el filo. Mientras lloraba acerqué el metal a la piel de mis brazos. No tenía nada… No valía la pena… me corté. Corté mi muñeca izquierda dos veces. Luego me senté en el suelo del baño y me largué a llorar. No quería morir, no quería abandonar el mundo, aun tenía la esperanza de un futuro mejor. No valía la pena desperdiciar todos los malos años, si después podría deshacerme de ellos. Quería demostrarme que podía.
Luego de limpiar el suelo de la sala me senté en las escaleras a leer un interesante libro de aventuras. Siempre me gustó la literatura. Desde que la descubrí aquella noche con mi familia. Miley llegó súper contenta con un chico de la mano. Solo hacía esa sonrisa con los que de verdad le agradaban. El era simpático, escuchaba su voz decir cosas lindas en la cocina. El salió de la cocina hacía la sala y miró hacía la escalera. Yo lo miré y mis ojos se agrandaron cada vez más. Quedé congelada. El se detuvo y me quedó mirando. Yo aguante el aire y bajé la escalera mirándolo. Miley empezó a decirme cosas como “¿Qué tanto lo miras?”, “Aléjate zorra”, “O sea Hello”.
- ¿Kevin? – Mi voz temblaba.
- ¿_________?
Me cubrí el mostró y lloré. Lo abracé, estaba tan agradecida de volver a verlo. No era posible. Como había llegado hasta allí, había encontrado a un miembro de mi familia. Era como un superhéroe era lo mejor de los últimos 10 años. Lo amaba, lo amaba con toda mi alma era una luz, un foco en la oscuridad. Lloré en su hombro y el me abrazó fuerte.
-Dios, eres tú. Eres tú. – Lloraba en su hombro.
-O sea… ¿Qué onda? – Miley no entendía absolutamente nada.
Nos quedamos abrazados como cinco minutos más. Yo continué llorando.
Estábamos Kevin, Miley y yo en la sala, yo estaba sentada al lado de Kevin y Miley en el sillón pequeño del otro lado de él. Miley estaba echando humo por las orejas. Kevin me hablaba feliz y ella me miraba feroz.
-A ver, no se lo que te pasa pero es mío, ¿Lo entiendes? – Me dijo Miley.
-¿Por qué le hablas así? – Preguntó Kevin.
-Porque es mi hermana adoptada, y soy mayor. Ella no tiene porque hablarte además… No entiendo de donde se conocen.
-Miley, ella vivió con mi familia 4 años hasta que tu familia la adoptó. Y no puedo creer que hayas dicho lo que dijiste. – Dijo molesto.
Miley quedó boquiabierta, luego se disculpó. Jamás pensé que la vida pudiera ser tan dulce. Kevin se levantó, me tomó de la mano y me sacó de esa casa. Salimos y comenzamos a caminar sonrientes hacía el centró de la ciudad. Yo estaba tan feliz que ni siquiera podía disfrutar la victoria, solo pensaba en volver a verlos a todos.
-¿Y tus hermanos?, ¿Y papá y mamá?
-Están bien, ahora papá y mamá viven en las afueras de la ciudad.
-Wao, ¿Y cuando crees que los pueda ver?
-Estoy tan feliz de volver a verte, no tienes idea de cuanto te hemos extrañado.
Hablamos mucho rato, de sus padres y de todos. Resultó que Denisse y Paul habían tenido otro niño, Joe y Nick vivían solos en un apartamento en plena ciudad y Kevin tenía un caro apartamento que podía pagar gracias a un buen trabajo como médico en una buena clínica. Y a pesar de que era un hombre exitoso se había peleado con su novia de hacia tres años y había comenzado a salir con Miley hacía dos semanas, pero estaba contento de dejarla ya que ella era muy joven y torpe. Obviamente le pregunté si podíamos ir a ver a sus hermanos.
Narras Tú.
Saliste rápido de su casa, tus lágrimas brotaban sin parar. Caminaste unos metros hasta ponerte la capucha para cubrirte de la lluvia que caía intensamente mojando el pavimento. Te detuviste bajo una parada de bus vacía. Lloraste mientras te tapabas la cara con las manos. La lluvia era tan intensa que ya estabas toda mojada, el cielo tan gris que estabas cegada y el día tan frío y no tenías abrigo encima.
Se preguntarán ¿Cómo llegué hasta aquí? ¿Cómo un chico pudo romper mi corazón de esta manera? Cómo me encuentro aquí bajo la lluvia llorando desconsoladamente y él estará sentado en su cama pensando en lo que perdió por miedo a intentarlo. Bueno, si lo desean les contaré la historia. Supongo que Nick jamás contara la maldita historia de nosotros, no tiene a quién, no tiene por qué… El no tiene nada, y a pesar de que yo tengo mucho mas que él, me siento tan vacía como él. Es una historia muy complicada y llena idioteces que ambos hicimos. Para empezar el nunca debió conocerme.
Capitulo 1 – Narras Tú
Mi nombre es ___________ ___________. Yo vivía en una pequeña cabaña en el bosque, como en los cuentos de hadas, llena de mimos y cariño. Mi madre, María, era la única a quien yo había conocido jamás. Solo tenía cinco años, solo había visto a mi mamá, a un leñador y a un hombre que traía algunas compras de vez en cuando, bueno, no conocía muchas personas. Como ya dije, era como en un cuento de hadas, en el medio del bosque, sin nada que hacer. Mientras que mi madre cultivaba yo jugaba entre los árboles y las rocas, fingiendo ser personajes. Tenía una muñeca que mi mamá había hecho con telas, era una princesa en ese entonces, mi muñeca se llamaba Catalina, y era la más bella de todo aquel reino invisible.
Yo era feliz igual, pero la vida me presentó la persona que cambió toda mi vida con solo decir un simple enunciado que puede decir cualquiera.
Yo estaba en el castillo… Bueno, en las rocas… Y Catalina estaba a punto de ser comida por un dragón feroz.
-No, por favor, no me comas – Gritaba Catalina.
-¡Raaarrrr! No habrá príncipe que te salve – Decía el dragón para luego largar una carcajada maligna.
Catalina gritó y una voz de entre los arbustos interrumpió la escena.
- ¡No te comerás a la princesa!
Yo escondí a Catalina detrás de mí y quedé callada y quieta ante dos pequeños hombrecillos. El que me había gritado se tapó la boca de la vergüenza quizás, su cabello negro y sus ojos miel lo hacían adorable. El otro me miró con cara simpática, como alegre de haberme encontrado, tenía un cabello enrulado y castaño, los ojos hacían juego con su cabello y sus labios dibujaban una enorme sonrisa pícara.
-Hola. – Dijo el principito de cabello rizado.
Yo no podía dejar de observarlos, jamás había visto niños en persona.
-¿Eres muda? – Dijo el de ojos color miel.
Yo le contesté negando con la cabeza. Y ricitos hizo la pregunta que cambiaría mi vida para siempre, la que modificaría todo, la que representaría el resto de mis días.
- ¿Podemos jugar juntos?
Lo se, no significa nada, pero esto de verdad es lo que inició mi verdadera vida. Bueno, no fue solo eso, sino también la contestación de mi parte que le dio permiso para arruinarla.
- Está bien, yo seré la princesa.
- Y yo seré el dragón. – Dijo Ricitos.
- ¿Puedo ser el príncipe? – Preguntó el de ojos dulces.
Con toda la inocencia del mundo jugamos aquella tarde entre los cuatro, Catalina también se divirtió.
El chico de ojos dulces como la miel resultó llamarse Joseph, y Ricitos Nicholas, eran mellizos (Los mellizos no son iguales) ambos tenían 8 años. Recuerdo que jugamos juntos toda la semana, ellos siempre me encontraban en el bosque, éramos niños con nuestros juegos llenos de imaginación y energía. Pude notar enseguida que Joe era gentil y atento, caballeroso y sonriente. Nick, bueno, el era de esos niños llenos de energía, de esos que saltan de un lado para el otro, el no era delicado como un príncipe, pero era dulce a su manera alocada y aventurera.
Un día mi mamá nos encontró jugando en las rocas, corrí a presentarle a mis dos amigos. Mamá amaba la idea de que yo jugara con ellos.
Los días eran hermosos, salía con Catalina a jugar con seres humanos y volvía por la tardecita a beber chocolate caliente con mamá. Pero la tragedia tenía que pasar tarde o temprano, se que mi vida fue hecha para destruirla, no se que rara especie de dios se divierte tanto conmigo.
Un día Rizos y Joe me llevaron a ver su casa desde lejos, wao, si que estaba lejos… Caminamos y caminamos hasta que al fin pude ver a lo lejos una bella casa. Luego de la larga caminata me acompañaron hasta las rocas y volvieron a irse. Yo volví a mi casa con Lina, entré. Corrí hasta el sillón y senté a mi princesa. Caminé hasta el cuarto pero mamá no estaba ahí. La llamé… como no respondió empuje la pesada puerta trasera y caminé hacia la huerta. Volví a llamarla. Mamá corría por el camino. Le pregunté que le pasaba desde lejos, hasta que vi un hombre correr tras de ella. Ella gritaba “Corre, corre”, yo comenzé a gritarle “Mamá, mamá” hasta que ella llegó hasta mi y me empujó hacia adentro. Yo lloraba y le preguntaba que estaba pasando. Mamá me empujó hacía dentro del armario.
-Quédate aquí, no hagas ruido, no salgas. ¿Escuchaste? No salgas. Te amo. – Besó mi frente.
-Escondete conmigo, mamá – cerró la puerta y corrió por toda la casa.
Cubrí mi boca con mis manos y miré a mi madre huyendo de aquel hombre. Ella salió de la casa y el fue detrás. El silencio se adueño de todo, yo observe con mis ojos todos mojados el sillón y allí estaba Lina. Lentamente abrí la puerta del armario.
-¿Mamá?
Caminé hasta el sillón y tomé mi muñeca. El hombre volvió a entrar y me escondí bajo la mesa. Abracé a Catalina con fuerza, quería que se fuera y que nos dejara en paz. El arrastró a mi mamá pasando por al lado de la mesa, ella estaba muerta, lloré bajo la mesa mirándola tirada en el suelo. El hombre tomó algo de dinero, algunas joyas, comió una rebanada de pastel y se acercó al sillón. Sacó un encendedor del bolsillo y encendió en llamas el mueble. Luego se alejó y se fue trancando la puerta delantera.
-¡¡¡MAMÁ!!! – Lloré en su pecho mientras la sacudía.
Mi madre era lo que más amaba, era todo. Dios, como lloraba en su pecho rogando que despertara… pero no lo hizo.
Miré a mí alrededor y vi como la casa se prendía fuego. Metí a Catalina en mi buzo e intenté arrastrar a mamá lejos de las llamas. Era muy pesada. Solo tenía cinco años que más podía hacer. Lloré hasta que la casa comenzaba a caerse a pedazos y quería sacarla de ahí, quería sacar a mi mamá no quería perderla entre las cenizas… pero no pude hacerlo. Empujé la pesada puerta una y otra vez, el suelo estaba tan ardiente que me quemaba los pies aun calzada. Mis manos se quemaron, la piel me ardía. Me di vuelta cuando logré abrir la puerta, miré a mi mamá en el suelo y me despedí de ella con un “Te amo mamá”, las llamas comenzaban a abrazarla. Me quedé mirando la cabaña ardiendo hasta que cayó completamente y yo continuaba gritándole a mi mamá.
Comencé a correr hacía la casa de los chicos. Quería pedirles a los príncipes que salvaran a mi mamá. Corrí y corrí hasta que vi la casa, eso me dio más energía para seguir corriendo y llegar hasta el timbre.
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Capitulo 2 – Narra Nick
Yo estaba jugando con unos dados junto con Kevin, mi hermano más grande, yo tenía 8 y el 12. Mamá caminó hacia la puerta secándose las manos del lavado. Abrió la puerta, hacía como cinco minutos que alguien tocaba insoportablemente el timbre. Abrió y llamó a mi padre, Kevin se quedó mirando la puerta. Yo aproveché para revolverle el cabello, cosa que aun lo enoja muchísimo, así que lo hice y corrí riéndome. Mire la puerta y allí estaba la chica del bosque, ____________. Me acerqué y la saludé, supuse que venía a jugar. Pero luego vi su piel toda rosada oscura, un montón de lágrimas y un llanto que podía estremecerme totalmente cuando lo escuchaba. Empujé a mi padre y le pregunté que había pasado. Me miró y me dijo, “Tienes que ir a rescatar a mamá”.
-¿Qué le pasó a tu mamá? ¿Dónde está? – le preguntó mi padre.
-Esta en el fuego, tienen que ir a buscarla.
Mis padres llamaron a la policía y ayudaron a apagar el fuego que había en su casa, luego pasaron horas escarbando las cenizas para encontrar a su madre. Mis padres nos dejaron en casa porque no querían que la viéramos. ___________ volvió al otro día del hospital, se la había llevado una ambulancia y mi madre había asumido el cargo hasta que la policía definiera el caso y el estado la mandara al orfanato. Ella lloraba, lloraba y lloraba, yo hacía payasadas para divertirla o distraerla, bailaba encima de los sillones imitaba a mis hermanos, hacía malabares, fingía ser un mono pero nada funcionó ella solo estaba toda vendada y abrazada a su muñeca en el sillón.
-Princesa, hoy luce como una bella momia. Pero de seguro es la momia mas bella de todas, quizás si deja de llorar sea aun más bonita. – Le dijo mi hermano Kevin que se hacía el experto con los niños.
Ella se calmó y lo miró. Yo mire el techo rendido y ella se rió de mí.
Mi madre nos dio las buenas noches a mí y a mi hermano. Joe le preguntó a mamá, que había pasado con la madre de ___________.
-Verás cariño – Mamá le acarició el cabello a Joe. – El señor decidió que ya era hora de que la mamá de ____________. Se convirtiera en un ángel. Así que ahora ella la cuida desde el cielo.
-¿Ella lo sabe? – Le pregunté.
-Mañana se lo diré ¿Si?, no se preocupen.
Mi madre se fue y apagó la luz.
Eran como la 1:30 de la madrugada. Me levanté por un vaso de agua. En el pasillo sentí una vocecita que se quejaba. Caminé hasta el cuarto de huéspedes. Allí estaba ___________ dormida manoteando el aire. Me acerqué a ella despacito y la desperté. Ella me miró y suspiró.
-Era una pesadilla. – Le dije.
-¿Por qué estás despierto?
-Tengo sed.
-¿Puedo ir contigo?
-Claro, ven.
Ella tomó su muñeca y me siguió hasta la cocina, nos serví agua e hicimos burbujas con los sorbitos. Ella se reía de las burbujas que me salpicaban la cara. Luego metí mi mano en mi vaso y le arrojé parte del agua, no pregunten por qué lo hice, solo lo hice, era un niño travieso e insoportable, hacía cosas porque si. Ella se rió y me mojó la cara con sus manos, nos reímos y luego de juguetear como monitos subimos a mi cuarto, ella tenía miedo de las escaleras, jamás había subido unas, y como también tenía miedo de un hombre y de la oscuridad me pidió dormir en mi cuarto. Ella se sentó a mi lado en la cabecera de la cama. Yo hacía caras para asustarla. Y sonidos de mounstro. Joe estaba más dormido que nunca y no sentía las risitas de ____________. Tomamos mi linterna y un libro del estante de Joe. Nos pusimos a leer fábulas e historias. Hasta que nos quedamos dormidos.
Al otro día por la tarde una mujer vino a llevarse a ___________. Mi madre habló con ella pero ___________ no quería irse. Me miró y le dijo a mi mamá que no quería marcharse. La señora le dijo que si, que tenía que irse. Ella comenzó a hacer lo del labio y le dijo que quería quedarse conmigo.
-Mamá, adóptala. – Le dije.
Mi madre no contestó y la miró.
-Ya, vámonos. –Dijo la señora tomando a ____________ del brazo y jalándola.
-Mamá adóptala – Dijo Joe.
-¡Nick! – Gritaba ___________.
-¡MAMA! – Grite.
-¡Espere! Creo, que podría ser… una familia temporal. ¿Puede dejar que se quede?- Dijo mi madre.
-Temporalmente, ella quedará registrada en el orfanato y si alguna familia se interesa vendremos por ella. Ahora tiene que firmar unos papeles. –Dijo la señora loca.
____________ me abrazó y me sonrió. Ahora ella tendría hermanos y padres y nosotros una hermana y mis padres una hija.
Pasamos días inolvidables. Mis padres le dieron una habitación… con el tiempo todos nos olvidamos que eso era “Temporal”, que en cualquier momento podía venir una familia y llevarse a ____________. A nadie le importaba, ____________ era nuestra. Ella iba creciendo y éramos un dúo inseparable. Con los años se perdían las posibilidades de adopción ya que la gente busca niños pequeños, ella ya tenía nueve y yo 12 cuando escalábamos los montes y nadábamos en las cañadas. Teníamos aventuras increíbles cada día en las praderas. Yo era el típico niño que destruye todo y que hace que lo regañen, pero ella me quería así y éramos ___________ y Nick, Nick y ____________, para siempre.
-No, no puede ser. – Negaba con la cabeza mi madre una noche, sentada en la mesa, hablando con mi padre.
-Créeme yo tampoco estoy feliz… - Agregó mi padre.
____________ y yo estábamos escondidos detrás de la puerta.
-No, Paul, no dejaré que se lleven a esta niña, es, es como nuestra hija.
-Ya lo se… la adoro. Pero una familia ya firmó la adopción y nosotros somos solo una familia temporal.
-¿No podemos hacer nada?
-Ahora, no.
____________ me miró con la luz que pasaba por el costado de la puerta en el rostro y gracias a ello pude notar la lágrima que paseaba por su mejilla.
-No quiero irme – Susurró.
Tomé su mano y la llevé al cuarto.
-No quiero irme Nick – Mientras se aferraba a mi cuello.
-No te irás. Siempre estaremos juntos.
-No dejes que me lleven.
Ella lloraba.
-No dejaré que te lleven.
Una semana después ambos sabíamos que no tenía solución. Estábamos sentados en las ramas de un árbol. Ella me miró y me preguntó que iba a ser sin ella.
-No lo se. – Le respondí sinceramente. – No lo se.
-¿Qué voy a hacer sin ti?
-Te costará vivir sin mí. –Le sonreí, era una broma y una verdad al mismo tiempo.
La última noche nos sentamos en el porche de mi casa. Era de madrugada y todos dormían. Saqué una navaja de mi bolsillo y ella me miró.
-En las películas románticas… el chico le da algo lindo a la chica. – Sonreí – Pero yo no miro películas románticas. Y esto, lo vi en una película.
Ella puso sus ojos en blanco y soltó el aire.
-Tienes que cortarme.
-¿Qué?
-Solo una pequeña herida, así tendremos cicatrices que nos recuerden.
-No te cortaré.
-Cierra los ojos.
Ella cerró los ojos. Tome la navaja y corte un poco su hombro, cosa de un centímetro o dos, ella se quejó y apretó sus parpados. Pero luego miró el corte y se rió.
-Eres tan dulce – Dijo con sarcasmo.
-Vamos hazlo.
Ella tomó la navaja y cortó mi brazo un poco menos que yo a ella. Pero ella es así, así de delicada y sensible, quise agrandar la herida pero me di cuenta de que así nos recordaríamos mejor, yo recordaría el cuidado y lo suave que era ella y ella recordaría lo bruto y loco de mí.
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Capitulo 3 – Narras tu.
No pude evitar llorar el día en que nos separaron. “La señora loca” Me llevó en su auto luego de haberme despedido de mi familia. Lo único que tenía ahora era a Catalina. La llevé todo el camino en la falda al orfanato. Tenía 9 años…
-Miley, saluda a tu nueva hermana. – Dijo el duende gigante que me adoptó.
-Hola. – Dijo ella con su bolso rosado y su lima de uñas en la mano.
-____________ esta es tu nueva familia. Los Cyrus. – Aclaró innecesariamente la vieja loca.
-Bienvenida cariño – Dijo la señora Cyrus. – Ellas son tus hermanas, Miley y Nikki. Y el es Robbie, tu papá… Yo soy Tish.
-Hola, a todos. – Dije sin ganas.
Repetiré que dios se divirtió de lo lindo viéndome sufrir todos estos años junto a estas dos locas de hermanas. Me han hecho pasarla terrible, me odian más que yo a ellas, es increíble. Habían pasado nueve años. Hacía poco había cumplido los 18 años. La “Familia” Cyrus, si así se les puede llamarme utilizaban para limpiar y para llenar el espacio vació de su fallecida hija Devonne. Que cumplía con mis rasgos físicos y mi edad. A veces pienso que se suicido, la pobre.
Son una familia rica, Miley se cree la gran estrella de cine y la gran cantante… Nikki se cree la súper modelo y la documentalista más guapa de todas. A pesar de que tuvieran 20 y 22 años se la pasaban entrevistándose como superestrellas.
Yo había terminado la secundaria y los Cyrus estaban discutiendo si mandarme a la universidad o no. No tenía amigas, todo el mundo decía que era rara. Los Cyrus son de la ciudad… por lo que aquí hay menos aventuras, menos verde, menos espacio.
Los Cyrus tienen una gran casa, llena de esculturas y de cosas valiosas… vivimos en la parte más rica de la ciudad y tuve una muy buena educación. Pero no tenía metas, no tenia punto de inspiración, sinceramente estaba perdida.
Todo parecía tiempo perdido, cada segundo que pasaba era un desperdicio. Lo único que podía hacer era rogar que me mandaran a la universidad a estudiar algo y tener una vida cuando fuera mayor. Había tenido un par de novios pero todos eran tontos que no valían la pena. Estaba en las vacaciones de verano. Miley llegó del cine y se sentó en el sofá de la sala, mientras se pintaba las uñas me miró y comenzó a hablarme.
-Mañana vendrá un chico, quiero que te portes bien.
-Claro.
-Déjame terminar de hablar, quiero que te portes bien y limpies el piso de esta sala, no se ve la maravillosa baldosa blanca que yo escogí.
-Claro.
-Por más que tu no tengas novios, ni chicos, ni nadie que piense que eres linda, yo si lo tengo y necesito que limpies el suelo.
-Claro.
-Oye los chicos no se te acercan porque siempre dices lo mismo. Claro, claro, claro, lo que te estoy diciendo es malo, es un insulto, debería ser oscuro.
Si lo se, Miley es algo torpe… bueno… eso es solo un segundo en los años que tiene Miley de torpeza.
Nikki entró a la sala solo para hacerme enojar, lo único que odio más que estar cerca de Miley o Nikki es estar con ambas.
-Hola princesa – Le dijo a Miley – Cenicienta – me miró de reojo.
Antes de enojarme salí de la sala. Era inevitable odiarlas, así que antes de explotar solía salir de la habitación a respirar. Aquella noche me senté en mi cama y miré el estante de mi habitación allí estaba Catalina, cada vez mas vieja. Ya era una muñeca de trapo viejo, que por más que lo lavara la tela gastada se notaba. La tenía allí sin tocarla, porque tenía miedo de hacerle daño. Ella sin duda era el único miembro de mi familia.
Había pasado unos días muy sentimentales últimamente. Por la mañana tomé una ducha, al salir envuelta en la toalla toque mi hombro. Tenía aquella cicatriz bruta y bien marcada en mi hombro. Acaricié la marca que me recordaba la felicidad y me cayó una lágrima, cuanto extrañaba mi familia. Dios cuanto la necesitaba. Cuán distinta habría sido mi vida con ellos, con Ricitos… Pensé en cuantos años habría de tener… 21, ya era mayor… me lo imaginé en los bailes, con unas cervezas en las manos… Otra lágrima mojó mi mejilla, me había perdido los días de aventura de él. Tomé la afeitadora y le quite el filo. Mientras lloraba acerqué el metal a la piel de mis brazos. No tenía nada… No valía la pena… me corté. Corté mi muñeca izquierda dos veces. Luego me senté en el suelo del baño y me largué a llorar. No quería morir, no quería abandonar el mundo, aun tenía la esperanza de un futuro mejor. No valía la pena desperdiciar todos los malos años, si después podría deshacerme de ellos. Quería demostrarme que podía.
Luego de limpiar el suelo de la sala me senté en las escaleras a leer un interesante libro de aventuras. Siempre me gustó la literatura. Desde que la descubrí aquella noche con mi familia. Miley llegó súper contenta con un chico de la mano. Solo hacía esa sonrisa con los que de verdad le agradaban. El era simpático, escuchaba su voz decir cosas lindas en la cocina. El salió de la cocina hacía la sala y miró hacía la escalera. Yo lo miré y mis ojos se agrandaron cada vez más. Quedé congelada. El se detuvo y me quedó mirando. Yo aguante el aire y bajé la escalera mirándolo. Miley empezó a decirme cosas como “¿Qué tanto lo miras?”, “Aléjate zorra”, “O sea Hello”.
- ¿Kevin? – Mi voz temblaba.
- ¿_________?
Me cubrí el mostró y lloré. Lo abracé, estaba tan agradecida de volver a verlo. No era posible. Como había llegado hasta allí, había encontrado a un miembro de mi familia. Era como un superhéroe era lo mejor de los últimos 10 años. Lo amaba, lo amaba con toda mi alma era una luz, un foco en la oscuridad. Lloré en su hombro y el me abrazó fuerte.
-Dios, eres tú. Eres tú. – Lloraba en su hombro.
-O sea… ¿Qué onda? – Miley no entendía absolutamente nada.
Nos quedamos abrazados como cinco minutos más. Yo continué llorando.
Estábamos Kevin, Miley y yo en la sala, yo estaba sentada al lado de Kevin y Miley en el sillón pequeño del otro lado de él. Miley estaba echando humo por las orejas. Kevin me hablaba feliz y ella me miraba feroz.
-A ver, no se lo que te pasa pero es mío, ¿Lo entiendes? – Me dijo Miley.
-¿Por qué le hablas así? – Preguntó Kevin.
-Porque es mi hermana adoptada, y soy mayor. Ella no tiene porque hablarte además… No entiendo de donde se conocen.
-Miley, ella vivió con mi familia 4 años hasta que tu familia la adoptó. Y no puedo creer que hayas dicho lo que dijiste. – Dijo molesto.
Miley quedó boquiabierta, luego se disculpó. Jamás pensé que la vida pudiera ser tan dulce. Kevin se levantó, me tomó de la mano y me sacó de esa casa. Salimos y comenzamos a caminar sonrientes hacía el centró de la ciudad. Yo estaba tan feliz que ni siquiera podía disfrutar la victoria, solo pensaba en volver a verlos a todos.
-¿Y tus hermanos?, ¿Y papá y mamá?
-Están bien, ahora papá y mamá viven en las afueras de la ciudad.
-Wao, ¿Y cuando crees que los pueda ver?
-Estoy tan feliz de volver a verte, no tienes idea de cuanto te hemos extrañado.
Hablamos mucho rato, de sus padres y de todos. Resultó que Denisse y Paul habían tenido otro niño, Joe y Nick vivían solos en un apartamento en plena ciudad y Kevin tenía un caro apartamento que podía pagar gracias a un buen trabajo como médico en una buena clínica. Y a pesar de que era un hombre exitoso se había peleado con su novia de hacia tres años y había comenzado a salir con Miley hacía dos semanas, pero estaba contento de dejarla ya que ella era muy joven y torpe. Obviamente le pregunté si podíamos ir a ver a sus hermanos.
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