Seguí las instrucciones de mi madre. Nunca había ido al centro, no tenía la mínima idea de hacia donde quedaba. Pero llegamos. Fue ver el paraíso. Mi mirada se perdió en los comercios y las tiendas a través del parabrisas. Todo era brillante y vivo. La gente caminaba por las aceras fluidamente. Claro, era verano, y era uno de los balnearios mas exquisitos de la costa. Pero la lucidez me tenía impresionada. Por lo que pude notar, tambien a Chelsea. Ella no podía ni hablarme mientras supongo que imaginaba todo lo que haríamos por esas calles.
Estacioné en una calle a una cuadra de la avenida principal. Chelsea bajó inmediatamente. La seguí y ambas nos miramos cuando comenzamos a caminar hacía los comercios.
-Esto es genial. – Dijo entusiasmada mi amiga.
Yo le respondí lo mismo, pues nuestros ojos estaban cegados de tantas actividades por hacer.
A Chelsea le gusta muchísimo el estilo deportivo. Se vuelve loca con los tennis y las sudaderas de marca. Mientras que yo, me desespero con los tacos altos, los vestidos y las faldas. Por primera vez, escuché a Chels proponer que nos probaramos ropa. Había pensado que ese día nunca llegaría, pero todo es posible. Así que pasamos cerca de dos horas probandonos ropa y escogiendo la mejor para cargarla en bolsas y mas bolsas.
Tuvimos que ir a dejar las bolsas para poder comer algo. Pues estabamos demasiado cargadas. Chelsea rió de mi torpeza para abrir la valija del auto. Nunca fui buena para eso.
Nos sentamos en una heladería cercana. Le pregunté a Chelsea si tenía hambre y había dicho que no. Por lo que tomaríamos un simple helado… y si luego nos daba hambre veríamos que hacíamos… pues eramos lo mas espontaneas, realmente era todo del momento, eso era lo que hacía genial las decisiones, y lo que nos llenaba de alegría cuando hacíamos algo, que siempre era un impulso, pero nunca nos arrepentíamos de nada. Realmente era genial vivir las cosas a gran velocidad y llenas de vida. O al menos eso pensabamos que eran.
Reí mientras que Chelsea hablaba de cualquier cosa. Siempre decía cosas al azar. Y yo preguntaba a que venían. Ella respondía que simplemente lo había pensado o que se había acordado… y pues… tenía la necesidad e decirlo. Era gracioso. Y mas si ella te mira y te lo dice con su vocesita. ¿Cuántas veces no pude dejar de reír por esas cosas que decía de la nada?
Nunca sabes cuando tu vida está a punto de cambiar. Eso es lo maravilloso de caminar por la calle con tus jeans ajustados a mis 18. Íbamos las dos, con un paso firme y seguro, con las miradas de la gente en nosotras y las nuestras hacia delante. De seguro ya imaginaron dos chicas sexy’s caminando en cámara lenta, pues… agréguenle un helado en la mano de Chelsea y una sonrisa a mi rostro, con un paso ligero, definitivamente estas fueron las causas que hicieron que nuestras vidas se toparan con las aventuras del verano.
No pude decir nada, simplemente observé como Chelsea se chocaba con un chico de rulos oscuros, el helado quedó en el medio de su camisa. Mi amiga lo miró aterrada y se cubrió la cara mientras pedía disculpas y se reía disimiladamente. Quedó roja, me causó tanta risa que no pude contenerla. Largué una carcajada y saqué el cono de la camisa del muchacho. Le pedí disculpas mientras tomaba los hombros de Chelsea.
-No te preocupes, estoy bien. – Dijo riendo el muchacho mientras miraba su camisa blanca.
-Perdóname, no te vi. – Decía Chelsea avergonzada y muerta de risa.
-No hay problema. – Y rió divertido.
Se sintió como ser parte de una película de esas romanticas medias dramáticas, de esas en las que la chica mira al chico y el encuentras sus ojos hermosos y brillantes ante el. Ella sonríe y se acomoda el cabello detrás de una oreja. Baja la mirada, vuelve a subirla y continuan mirandose mientras deciden si les gusta o si no. Fue igual. Chelsea y el chico parecieron gustarse al instante. Debo confesar que no creo en el amor a primera vista. No puedes sentir nada sin conocerlo, creo que es un engaño. Y muchas veces, si resulta ser que el chico, además de gustarte a primera vista, resultó ser bueno, es suerte, no creo que alguien pueda enamorarse justo en la primera mirada sin saber si el otro alguien es un asesino o no, en todo caso, puede gustarte alguien a primera vista, a esto me refiero.
Ok, no importa lo que piense o no. A Chels le gustó el muchacho y al muchacho le gustó Chels… o eso expresó con su mirada. Ambos quedaron unos segundos callados como conectados a través de los ojos. En eso un muchacho gritó desde atrás.
-¡Oye Kev! ¡¿Qué haces?! – Gritó una voz desconocida.
Los tres miramos en la dirección del reciente sonido y allí venía un conocido joven de cabello castaño oscuro y ojos color miel. Lo miré detalladamente. No creí que fuera el. Si lo era. Seguí mirándolo como desconfiada. Aun no me convencía.
-Hola… - Dijo confundido a vernos.
-Hola – Dije sin pensarlo.
-Ah… - Nos miró extrañado. – Soy, Joe, mucho gusto. – Y se presentó cordialmente.
-Hola, soy ___________.
-Yo Chelsea.
El miró al muchacho que al parecer se llamaba Kevin y le preguntó sobre su camisa. Chels y yo nos reímos suavemente.
Ya estaba segura, era el. Era Joseph. Había sido un gran amigo desde hacía años, habíamos hecho la escuela y la secundaria juntos, pero aún no podía entender que estaba haciendo allí. No me atreví a preguntar sino hasta que el se detuvo a mirarme luego de alcanzarle un pañuelo a Kevin.
Su mirada seguía siendo la misma mirada llena de viveza y picardía. Ya casi me tenía, estoy segura de que en aquel momento el aún no podía creer que yo estaba en frente de el. Sus labios se despegaron y me señalo a tan solo unos centímetros.
-¿____________? – Preguntó con su ceño fruncido.
-Sabía que me recordarías. – Sonreí.
-Oye, espera. – Dijo Chelsea mirando a Joseph. - ¿Joe?
Chelsea lo conocía bien, también había sido su compañero. En realidad… siempre salíamos los tres, siempre estabamos juntos. No se imaginen que hacía una eternidad que no nos veíamos, es que el último año no nos tocó junto a el y habíamos perdido un poco la costumbre, pero nunca perdimos contacto. Bueno, debo admitirlo, en realidad tuvimos un contacto medio tenso. Es que… eramos amigos, pero… el me gustó durante mucho tiempo. Así que yo le hice algo a su novia y el se enojo… pero no se preocupen, fue solo una inofensiva bromita.
-Wow, hace cuanto que no nos veíamos. – Dijo felizmente Joe. – El es mi hermano Kevin.
-Si, - Sonreí. – Ah… Nosotras volcamos ese cono en su camisa.
-Oh… ¿Sigues siendo así de torpe? – Dijo bromeando Joe para luego guiñarme un ojo.
-Hey ____-. ¿Vamos a comer? Me vino hambre. – Dijo Chelsea mirandome para intentar decirme que invitara a los chicos.
-Claro Chels. Oigan chicos… Vamos a comer algo en algun restaurante… ¿Quieren venir? Necesitamos quien nos recomiende un lugar.
-Claro, ¿Qué dices Kev? – Dijo Joe entusiasmado.
-Ok, es genial, amm… podemos ir a aquel restaurante, es el mejor que he probado por aquí. – Dijo señalando un lindo lugar en la esquina.
Nos sentamos en la mesa del ventanal. Chels y yo de un lado y los chicos del otro. Comenzamos a charlar acerca de que hacíamos allí. Resulta que la familia Jonas, la familia de Joe, había alquilado una casa en el balneario para pasar el verano. ¿Qué más podía pedir yo? Era el mejor verano de la historia. Chelsea se entusiasmo bromeando con Kevin… y cuando Chelsea comienza a hacer reír, no para. Es una de esas personas que nunca te cansas de escuchar, que cada vez que abre la boca sabes que será genial. Así que uso ese talento para distraernos a todos durante el almuerzo, en el cual nos atragantamos muchas veces mientras reíamos.
Las adooroo! Beesootes!
XophieJonas.
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